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Siguiendo con la temática de los homenajes, hoy dirigiré todos los reflectores hacia un grupo de gente extraordinaria. Para así mostrar que cuando se tiene un corazón grandote, muchas ganas de ayudar y cierto amor “desmedido”, estas singulares características pueden ser encauzadas hacia personas que tanto necesitan de los demás, no sólo para vivir, sino para tener una mejor calidad de vida.
Estoy hablando de los inigualables “TIBURONES DEL PARANÁ”. Conocí virtualmente a este grupo de gente, a través de Panchuss, amigo del Taller Literario Kapasulinos.
Se trata de personas con discapacidad, que nadan en el Paraná (río de América del Sur, que atraviesa la mitad sur del subcontinente y forma parte de la extensa cuenca combinada del Plata), así se definen ellos. Pero existe mucho más para contar. Patricio Huerga, María Nella Saltaleggio, Giselle Ghilardi, Patricia Burzzese y Gabriel Romero conforman el plantel de instructores. Comenzaron con esta admirable labor social en el año 1997. Actualmente cuentan con 134 alumnos que hacen sus experiencias de nado en río, a veces solos y otras veces acompañados, dependiendo esto de sus capacidades o aprendizaje.
Han realizado varios eventos importantes en el Paraná, aparte de las actividades que desarrollan diariamente en las instalaciones del complejo que se encuentra en Arroyo Seco (provincia de Santa Fe, Argentina)
Cuentan con el apoyo de muchos seres humanos tan apasionados como ellos, cuya noble misión es promover un cambio en la manera de pensar y actuar con respecto a la discapacidad. Se trata de integrar, amalgamar, de impulsar una nueva actitud. Que vaya desde la dañina indiferencia, hacia una sana apertura, que, no sólo favorecerá a aquellos que tengan algún impedimento físico o mental, sino a todos los que al participar se darán cuenta que ayudando a los demás, se ayudarán a sí mismos.
Ojalá muchos puedan y quieran imitarlos en otras partes del mundo. Quizás ya existan lugares así, pero nunca serán suficientes. Necesitamos más, más de estos verdaderos faros que iluminan el alma. Que nos contagian las ganas de vivir, de trabajar, de sacudirnos la mala leche, el pesimismo, la indolencia, la apatía.
En el lugar donde estemos, tomemos la posta, hagamos algo por los demás, por los que sufren o están solos. Juntémonos con gente que piense como nosotros y, de a poco, otros más se acercarán.
No sé si cambiaremos el mundo,¡¡pero vamos, por lo menos lo intentaremos!!