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domingo, 30 de mayo de 2010

La mirada exploradora

Torre 4 

 

Los seres humanos tenemos la costumbre de mirar lo que se encuentra a la altura de los ojos, en menor proporción lo que está por debajo y, casi nada, lo que está más arriba.

Los animo a que realicen un sencillo experimento: la próxima vez que salgan de vuestras moradas para ir a trabajar, a estudiar, al supermercado, viajar, o simplemente vagar, traten de mirar para arriba. Seguramente esta tarea les insumirá algo de esfuerzo, pues estarán rompiendo con el viejo y muy arraigado hábito de visualizar sólo lo que está al mismo nivel de los ojos, a esto los fotógrafos llaman “Angulación horizontal”.

Salgamos con un espíritu aventurero a la calle, al exterior. Créanme que si no lo hicieron antes, o por lo menos en forma consciente, se sorprenderán al descubrir un mundo nuevo compuesto por techos, edificios de varios pisos, balcones, terrazas, copas de árboles… miles y miles de detalles que antes habían escapado a nuestra mirada. Novedosos paisajes urbanos abrirán sus puertas como recién inaugurados. Aunque siempre estuvieron allí, no los veíamos pues estaban fuera de nuestro campo visual, para ser más precisos, diremos que se encontraban fuera de encuadre.

Tal vez a algunos le parezca algo intrascendente toda esta cuestión, pero a otros, y me incluyo, les fascinará observar, por ejemplo, las formas raras que adoptan las plantas al ganar altura, el diseño deslumbrante y original de algunas construcciones, la coquetería de ciertos balcones, los diversos ángulos, colores y formas de los techos, las aves que en ellos retozan… en fin, todo un panorama interminable para advertir y percibir.

Es cuestión de desplegar una nueva perspectiva que permita, a esta nueva mirada inquieta, revelarnos lo que siempre existió sin que lo hayamos visto antes.

domingo, 31 de enero de 2010

La respuesta (Parte II)





Me encanta el siguiente proverbio, “El clavo que sobresale, siempre recibe el martillazo”.

Es preferible que el público esté enojado, pero que en definitiva “esté”.

Si llamas la atención, o te haces notar de algún u otro modo, seguramente recibirás halagos y felicitaciones, pero ve sabiendo que también encontrarás “en el umbral de tu puerta”, los infaltables insultos y detracciones, porque así se dan las cosas, es parte del sistema. Es algo que no lo inventamos nosotros, los informadores, la vida funciona así. Allí lo tenemos como ejemplo al bíblico Noé, el buen hombre salió a gritar a los cuatro vientos que pronto vendría un diluvio y obtuvo todo tipo de respuestas, pasando desde las más contemplativas hasta las más perversas y amenazantes. Lo cual nos muestra la gran capacidad de respuestas que pueden tener los seres humanos.

En conclusión, estimados lectores, si les agrada lo que hacemos todos los que divulgamos hechos, gracias, son ustedes muy amables. De igual manera, si no están de acuerdo con lo expuesto, gracias también, porque “están”, y eso es lo más importante.

Gracias por estar, por no ser indiferentes.

domingo, 24 de enero de 2010

La respuesta (Parte I)

 

Clarita-color

Vayan sabiendo, amigos lectores, que la peor actitud que puede tener el público para con los que trabajamos en los medios de comunicación, es la indiferencia. Hagamos un pequeño análisis del tema.

Me viene a la mente la letra de una canción que dice, “Odio quiero más que indiferencia…” y tiene mucho que ver con el fondo de la cuestión que estamos tratando. Alguien que odia, critica, se enoja o reclama por algo que expusimos de alguna manera, nos está prestando atención. Eso es lo que en definitiva perseguimos los que vivimos y nos nutrimos de las noticias.

¿Recuerdan la conocida frase, “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”? Muchos son los que la utilizan con una actitud desdeñosa, pero en realidad explica muy bien lo que sucede en el ambiente periodístico.

Si logramos captar las miradas o conseguir que nos observen, que analicen lo que decimos o discutan nuestro punto de vista, ¡labor cumplida!

Hacer pensar es nuestro “leitmotiv”. Si en el camino, nos aplauden y elogian, bienvenido sea. Como así también, si nos critican o se muestran en total desacuerdo, pues significa que de alguna forma “llegamos”, nuestro mensaje alcanzó, golpeó y caló profundo. Esto forma parte del quehacer y la dinámica que buscamos. Cualquier cosa, menos la apatía…

(continuará)

*****

domingo, 3 de enero de 2010

Razonando...



Los niñitos del jardín de infantes cantan, “Tomo el hilo, la aguja también, me coso la boca y me porto bien”. Para nuestras mentes adultas, tal vez suene un poco siniestro eso de coserse la boca, ¿no es verdad? Sin embargo, los pequeños entienden perfectamente el mensaje, “a quedarse quietitos y a guardar silencio”.

Sería maravilloso si todo fuese tan simple como en aquella etapa de nuestras vidas.

Permanecer callado. Escuchar a los que saben más y confiar en su criterio, esperando siempre obtener justicia.

Una vez que somos mayores, la cosa cambia, ya que no se puede seguir la voz de cualquiera, por más que parezca confiable, hable fuerte y ordene, o se maneje con autoridad y seguridad porque podríamos ser engañados. Los mayores mentimos con mucha frecuencia y no siempre somos honestos para con los demás, a veces ni siquiera lo somos con nosotros mismos.

La experiencia nos indica que debemos escuchar con atención, pero que allí no termina todo. Luego tendremos que ocuparnos de analizar y sopesar concienzudamente toda la información recibida, haciendo una especie de “memoria y balance”. Para eso contamos con el valioso e inestimable raciocinio y no tener que, sin más ni más, “tragarnos” todo lo que nos dicen.

La gente inteligente y pensante, analiza todo lo que escucha. Por decirlo de alguna manera, mastica bien lo que lleva a la boca, y luego, si vale la pena, “traga el bocado”, si no, lo escupe y busca un alimento más nutritivo.

Para eso somos seres pensantes…

domingo, 13 de diciembre de 2009

Nunca digas nunca





“El que no cree en la magia nunca la encontrará”.

¿Aún estamos vivos?, entonces todavía quedan posibilidades y probabilidades de lograr aquello que siempre soñamos… figurar en el Libro Guinness de récords mundiales, ganar la lotería o, inclusive, algo tan prestigioso e importante como obtener un Premio Nobel, ¿por qué no? Todo esto y mucho más puede ocurrirnos, no seamos tan escépticos.

Es necesario creer, creerse, tener fe en Dios y en uno mismo.

El único requisito indispensable es estar vivos. Luego existen otros ingredientes que predisponen, facilitan las cosas, son las llaves, los “abrecaminos” o, como dicen los brasileños, los “destranca rua”. A saber: la esperanza, las ganas, la voluntad, el tesón y la constancia, todos ellos hacen que uno continúe en la lucha, que no abandone. Que, aunque se presenten caídas o tropiezos, uno se vuelva a levantar y a emprender la marcha con más bríos que antes.

Jamás digas que todo terminó, que ya no puedes más, que estás cansado de intentarlo. Vamos, no bajes los brazos, la sangre aún sigue corriendo por tus venas, tu corazón sigue palpitando… ¡¡vamos, continúa peleando!! , cálzate los guantes, sube al ring nuevamente, no podrán acabar contigo tan fácilmente, no. Porque eres obstinado, te resistes al fracaso, a tirar la toalla, a darte por vencido. Eres de los que NUNCA abandonan, que, en definitiva, son los que SIEMPRE ganan.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Por amor...



Dice así, en parte, la letra de un conocido tema musical:

NOSOTROS

QUE NOS QUEREMOS TANTO

DEBEMOS SEPARARNOS

NO ME PREGUNTES MÁS

NO ES FALTA DE CARIÑO

TE QUIERO CON EL ALMA

TE JURO QUE TE ADORO

Y EN NOMBRE DE ESTE AMOR

Y POR TU BIEN TE DIGO ADIÓS

Me pregunto y les pregunto a ustedes también, ¿realmente, existirán personas que pasan por situaciones como ésta, y que por amor renuncian al amor?

Nunca supe de algún ser humano que lo haya hecho en la vida real. Claro que no se trata de una información que uno quiera difundir. Si alguien está atravesando por una experiencia tan personal, íntima y dolorosa, es totalmente entendible que no la grite a los cuatro vientos, ni la quiera compartir con cualquiera. Dudo, inclusive, que lo divulguen entre sus amigos más cercanos.

Lo más probable, es que lo conserve bien guardado al secreto en su alma, o a lo sumo, lo vuelque en un poema o canción, como lo hizo el autor del bolero NOSOTROS.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Conocer y Reconocer...




¡Hoy descubrí que me gusta un nuevo género musical!, el bossa nova. En realidad y para ser más precisa, es nuevo para mí, pues hace muchísimo tiempo que existe y alegra la vida de innumerables personas que disfrutan de este ritmo rico y contagioso.

Les aclaro, y aquí va lo sorprendente de la cuestión, que en innumerables ocasiones, escuché este estilo musical de origen brasileño, pero HOY lo encontré nuevo, fresco y sumamente atractivo… como si acabara de descubrirlo. ¿Les ha pasado esto alguna vez?, seguramente sí.

En una época de nuestra vida, cuando éramos pequeños, a cada paso descubríamos cosas nuevas y transitábamos por esta vida, saltando de sorpresa en sorpresa, todo llamaba nuestra atención, todo nos despertaba admiración. Al pasar el tiempo, esta característica se va apagando un poco, sólo de vez en cuando y para gran beneplácito, irrumpen algunos destellos de otrora fuente de luz. Esto, hablando de la mayoría de las personas, por supuesto que existen excepciones.

La emoción que se experimenta al encontrarse con algo que estaba oculto o era desconocido por distintas razones, es única. No deberíamos perder jamás esa particularidad, la de alcanzar a ver algo nuevo en todo lo que rodea nuestra existencia.

Últimamente, ¿descubrieron algo que no sabían que existiera o desconocieran que podía atraerlos de alguna manera?... ¿se animan a contarlo?

sábado, 24 de octubre de 2009

El Reloj


A los nueve años le hice a mi madre las famosas preguntas sobre la vida y la muerte. Ella trató de eludirme, pero fui insistente. Finalmente me confesó que la vida tenía un límite, que todos moriríamos tarde o temprano, no me lo dijo así exactamente, pero para mí la respuesta tuvo las consecuencias de una bomba molotov. Muchas noches pasé casi sin poder dormir, lloré mucho y me deprimí. Creo que todos pasamos por esa experiencia traumática, para algunos más que para otros, pero nadie pudo escapar de sus efectos.

Pasaron los años y ese tema, con la correspondiente preocupación, jamás me abandonó. Siempre me preguntaba, ¿cómo se había creado el mundo y hacia dónde nos dirigíamos?... Dios, la eternidad, ¿realmente existían?

Un día, al entrar a la adolescencia, me prestaron un libro y leí algo que puso en orden muchas ideas que estaban ensortijadas en mi mente.

Decía así: “Un ateo le dijo cierta vez a William Paley que no había Dios, y desafió al rector inglés a confutar este aserto. Paley extrajo su reloj del bolsillo, abrió la tapa y mostró la maquinaria al incrédulo, al tiempo que le decía: “Si yo dijera que todos estos escapes, ruedecillas y resortes se han hecho, se han acomodado con la disposición que guardan, y se han echado a andar, todo por su propia cuenta, ¿no dudaría usted de mi inteligencia? Pues mire usted las estrellas. Todas tienen su ruta y sus movimientos perfectamente determinados. La Tierra, los planetas alrededor del Sol y todo el sistema en perfecta coordinación. Se trasladan a más de un millón de kilómetros por día, sin embargo, no hay choques, no hay desorden, no hay confusión. Todo funciona bien, todo es gobernado. ¿Es más fácil creer que todo esto se hizo solo, o que lo hizo alguien?”

Entonces lo comprendí perfectamente y decidí el rumbo que tomaría. Esa decisión me trajo mucha paz. Este no es un tema más, es EL TEMA, después de todo, la vida entera gira en torno a estas preguntas y respuestas, ¿no es así?

domingo, 2 de agosto de 2009

Sustancia


“La gente tal vez no recuerde exactamente lo que hiciste o dijiste. Pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir”.

Estoy en concierto con esta aseveración, más que nada porque de acuerdo a mi experiencia, así se dan las cosas.

Las personas no recordamos las palabras precisas con las que alguien nos habló, o en qué momento exacto lo hizo o dónde fue, sin embargo nos queda para siempre la sensación que produjo en nosotros. ¡Cuánta fuerza existe en el espíritu de las palabras! La sustancia de las cosas, aquello que permanece en algo que cambia.

Quizás se trate de lo que el otro haya sentido cuando las expresó. Por esa razón los que saben dicen que no es bueno permanecer enojados, o con sentimientos profundamente negativos mucho tiempo, pues eso, precisamente, imprimiremos en los demás. Y así nos recordarán. Cuando uno está mal, hasta un “buen día”, se hace sentir como un dardo envenenado.

Si estamos en paz con nosotros mismos, hasta un “no” suena a promesa… bueno, está bien, creo que exageré un poco, pero no está tan lejos de la verdad.

También recuerdo a personas que, en determinado momento de mi vida, se acercaron, sin hablar, y con su sola presencia, me arroparon el alma, inolvidables. Eso es lo que queda, cuando todo lo demás desaparece. La esencia, la naturaleza, la sustancia.

domingo, 28 de junio de 2009

Creer es poder

Estuve mirando un video corto, de un tipo fenomenal, que hace sombras chinescas increíbles con las manos. Presentó sus habilidades en los renombrados Premios Helpmann, haciéndose internacionalmente famoso por el magnífico y original espectáculo que llevó a cabo. Vive de este arte, y por lo que se puede apreciar, le va muy bien.

Me puse a pensar en cómo se habrá dado cuenta que era bueno para eso, para crear figuras con las manos… tal vez, todo empezó como un juego. Tampoco creo que de buenas a primeras, le salieron rápidas y perfectas las imágenes, me imagino que lo habrá intentado y practicado, más de mil veces.

No habrá faltado algún observador comedido que opinó sobre esta habilidad, menospreciándola, quizás diciéndole que no iría a ninguna parte con esa estupidez, que más bien se dedicase a algo que valiera la pena. Pero estoy segura que alguien lo habrá alentado a seguir, a perfeccionarse, a tenerse fe, diciéndole que era bueno, que podía ser aun mejor, que lo intentara, que nada perdería y podría ganar mucho… menos mal que la balanza se inclinó para este último.

Aquí llamamos “pinchar el globo”, cuando, con el alfiler de algún comentario agudo y mal intencionado, alguna persona rompe las ilusiones, tira las esperanzas por el piso y logra así “desinflarte”. Muchos inclusive, llegan a decirte que lo hacen de puro sinceros y directos… “por tu bien”.

Afortunadamente siempre aparece un alma que es noble, casi ángel, y te insufla aire nuevamente, te levanta el ánimo y te devuelve la fe en ti mismo. Al final de cuentas, de eso se trata todo, de creer que uno es capaz… creer es poder.

Les dejo el video que les comenté, para que lo disfruten.



sábado, 13 de junio de 2009

Limosnas


Díganme, ¿acostumbran regalar monedas a los chicos que piden limosna en los semáforos?, ¿o a los que pasan agua jabonosa semi-sucia en los parabrisas? Casualmente, ¿alguna vez se preguntaron a dónde van a parar esas monedas?
Les relataré mi experiencia. Descubrí que, en el “mejor de los casos”, esos niños que piden, lo hacen para sus padres. Estos los obligan a mendigar, los golpean y llegan a lastimarlos porque sirve para que ofrezcan un cuadro “más lamentable”, los visten con harapos para el espectáculo y luego, con lo recaudado, se emborrachan y drogan.
En otros casos, esos niños, están bajo la “protección” de adolescentes que abusan sexualmente de ellos, sean nenas o varones, entre otros malos tratos, se quedan con la mayor parte del dinero recaudado y con lo restante les compran pegamentos, para inhalar, y cerveza. El mal trato es la constante en todos los casos.
Si analizan un momento, se darán cuenta que dar limosna, de esta manera, no sólo es contraproducente sino que además, en cierta forma, seria como colaborar con la explotación de los menores y fomentar esa actividad tan lamentable.
El dinero que entregan no ayuda a esos niños: LOS CONDENA.
Los condena, repito, a seguir indefinidamente esa cadena de abusos y castigos.
Si de verdad desean ayudar, por favor no den limosnas, ayuden a los grupos, serios y organizados, que trabajan y se ocupan de rescatar y recuperar a los chicos de la calle. Allí sí ofrezcan sus colaboraciones. A eso se le llama “dar con responsabilidad”.
No fomentemos, con algunas actitudes cómodas y despreocupadas, el abuso infantil. No seamos cómplices.