Si hablamos de colecciones, creo que la mía, es bastante original. Si conocen a otra persona que guarde y acumule, “recados, mensajes y notas varias”, les daré un premio.
Durante muchos años, una de mis actividades predilectas, consistía en juntar todos los recados o avisos escritos, que me dejaran amigos, parientes, clientes, en fin, todo tipo de gente conocida y no tanto.
Algunas de estas comunicaciones, fueron breves, otras más extensas, de carácter serio o con un toque de humor, con dibujos o indicaciones, se puede observar de todo un poco en la gran variedad recopilada durante largo tiempo.
Las personas que, en determinado momento, me dejaron estos papeles escritos, fueron modificando su condición de vida. Es decir, algunas ya dejaron de existir, otras se divorciaron, otras se mudaron a lugares lejanos y con otras, simplemente nos distanciamos.
Cada vez que abro mis cuadernos, donde guardo las diferentes esquelas, recuerdo a cada protagonista, traigo al presente situaciones, armo una historia con cada mensaje… porque todos ellos, encierran testimonios, que pueden ser desarrollados.
Al modernizarse las comunicaciones, incorporándose nuevas tecnologías y sofisticados aparatos, los avisos escritos perdieron sentido y vigencia. Así fue que la gente, comenzó a dejarme sus recados, no más en papelitos, sino en el contestador telefónico, luego mandándome un mail o a través del Messenger. Ya nadie volvió a escribir sus mensajes en un pedazo de papel, para luego colocarlo debajo de la puerta o pegarlo en esta con una cinta engomada o clavarlo con un alfiler.
Caí en la cuenta de que mi colección tenía vida útil. Lamentablemente quedó perimida.
Igualmente, cada vez que me asalta la nostalgia o quiero recordar personas y situaciones, reviso mis cuadernos de mensajes y los observo con cuidado a cada uno. Por eso, afirmo que, para mí, esta rara colección, no tendrá un gran valor monetario, como otras famosas y reconocidas, pero sí tiene un gran valor emotivo en recuerdos y sentimientos.