Mostrando entradas con la etiqueta Huellas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Huellas. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de agosto de 2010

Pequeñas historias…

 

Esquelas y mensajes 

Si hablamos de colecciones, creo que la mía, es bastante original. Si conocen a otra persona que guarde y acumule, “recados, mensajes y notas varias”, les daré un premio.

Durante muchos años, una de mis actividades predilectas, consistía en juntar todos los recados o avisos escritos, que me dejaran amigos, parientes, clientes, en fin, todo tipo de gente conocida y no tanto.

Algunas de estas comunicaciones, fueron breves, otras más extensas, de carácter serio o con un toque de humor, con dibujos o indicaciones, se puede observar de todo un poco en la gran variedad recopilada durante largo tiempo.

Las personas que, en determinado momento, me dejaron estos papeles escritos, fueron modificando su condición de vida. Es decir, algunas ya dejaron de existir, otras se divorciaron, otras se mudaron a lugares lejanos y con otras, simplemente nos distanciamos.

Cada vez que abro mis cuadernos, donde guardo las diferentes esquelas, recuerdo a cada protagonista, traigo al presente situaciones, armo una historia con cada mensaje… porque todos ellos, encierran testimonios, que pueden ser desarrollados.

Al modernizarse las comunicaciones, incorporándose nuevas tecnologías y sofisticados aparatos, los avisos escritos perdieron sentido y vigencia. Así fue que la gente, comenzó a dejarme sus recados, no más en papelitos, sino en el contestador telefónico, luego mandándome un mail o a través del Messenger. Ya nadie volvió a escribir sus mensajes en un pedazo de papel, para luego colocarlo debajo de la puerta o pegarlo en esta con una cinta engomada o clavarlo con un alfiler.

Caí en la cuenta de que mi colección tenía vida útil. Lamentablemente quedó perimida.

Igualmente, cada vez que me asalta la nostalgia o quiero recordar personas y situaciones, reviso mis cuadernos de mensajes y los observo con cuidado a cada uno. Por eso, afirmo que, para mí, esta rara colección, no tendrá un gran valor monetario, como otras famosas y reconocidas, pero sí tiene un gran valor emotivo en recuerdos y sentimientos.

domingo, 11 de abril de 2010

Tratando

17 de junio de 20090010

Créanme que no se puede retroceder en el tiempo, no lo intenten más, se los digo por experiencia, es en vano. El pasado no vuelve y a no pocos seres humanos, nos cuesta mucho convencernos de ello.

En determinados momentos de la vida, todo aquello que dejamos atrás, nos estira de alguna forma. A través de los recuerdos, lindos o feos, de la nostalgia, de las culpas o de los remordimientos. Son situaciones difíciles, porque todos somos aprendices en esto de vivir. A algunos les toma unos minutos, a otros toda la vida, salir airoso y sin magulladuras, de tales episodios. Depende del tipo de personalidad que uno posea y del momento particular que se está atravesando.

Si cometimos errores, tendremos que aprender a superarlos y convivir con el hecho de que no somos perfectos y que estamos lejos de serlo. Sin embargo, no debemos abandonar nuestras aspiraciones de ser mejores cada día. Amargarse, deprimirse o enojarse, es una pérdida total de energía y además, puede enfermarnos… y lo hace. Ahora están muy en boga las afecciones psicosomáticas, que provienen, justamente, de estos eventos. Desarreglos mentales que se traducen en daños físicos.

Lo recomendable, afirman los expertos, es perdonar, perdonarse y mirar para adelante.

Si existe gente dañina alrededor, alejarse en lo posible y dejarlos ser. Cada uno sabrá como acomodará la “mochila” que le tocó en suerte.

Dicen que los remedios más efectivos son: la solidaridad, el amor al prójimo, la bondad y ayuda desinteresada.

La última facultativa que visité me dijo:

“Tome té de hierbas, trate de no preocuparse demasiado por nada y sea feliz”. En eso estoy, las hierbas ya las tengo…

sábado, 23 de mayo de 2009

Huellas imborrables

manuel0018

Existen personas que pasan por nuestras vidas y nos dejan un “no hagas esto”, “deja aquello”, “no toques, no mires”, sin explicarnos el por qué, lamentablemente se trata de la gran mayoría. Sin embargo, y gracias a Dios, en algún momento de nuestra existencia experimentamos ese toque esencial de ciertos seres especiales que van más allá y deciden dedicarnos un tiempo. Además de decirnos “no lo hagas”, se explayan exponiendo razones y causas, sus experiencias al respecto y así logran captar toda nuestra atención. Son una verdadera bendición.

Puede tratarse de algún familiar, o simplemente un conocido, y dejará para siempre una marca indeleble en nuestra mente.

Jamás olvidamos a quienes nos obsequiaron un tiempo precioso de sabiduría y consejos. Me inclino a denominar a esa noble actitud “generosidad de espíritu”. Es uno de los dones más maravillosos que poseemos los seres humanos. Es el poder de sembrar una semilla en los demás, sólo que raras veces empleamos esa aptitud. Quizás por recelo o temor a que nos malinterpreten, nos reservamos palabras o ideas que podrían influir notablemente en otros y, más aun, cambiar para siempre sus vidas.

Para ejercer esta capacidad, hace falta coraje, despojarnos del egoísmo y darnos cuenta del bien que podemos brindar al prójimo, al otro que nos escucha.

La “generosidad de espíritu” es una muestra de amor al género humano. Hoy me pregunto si la doy a manos llenas o si la guardo para que se seque y junte polvo en un rincón de mi mente. ¿Y ustedes?