
Esta semana por casualidad observé, en un canal alemán, un documental que hablaba sobre las diferentes formas que tienen las personas de reaccionar frente a un hecho de agresión callejera. Quedé tan sorprendida, cuando descubrí, junto a los protagonistas que llevaban adelante el programa, los resultados del estudio. ¡El noventa por ciento de la gente no se mete, no trata de detener la agresión, ni aun tratándose, el atacado, de un sujeto indefenso! La mayoría hace de cuenta que no ve nada y sigue rápido su camino. Existe un porcentaje de personas, y esto sí es absolutamente censurable, que ubicados a una distancia prudente, quedan observando la escena, porque disfrutan del dolor ajeno, aunque se nieguen a admitirlo luego. Gracias a Dios, unos pocos individuos hacen la diferencia, se despojan del egoísmo, de la cobardía y tratan por todos los medios que el agresor se detenga y termine con la violencia, inclusive ponen en riesgo su propia vida.
Si alguien me golpeara o intentara asaltarme, les aseguro que me gustaría mucho que algún ser humano hiciera algo por mi vida… ¡algo!, cualquier cosa, menos la indiferencia. Por eso tengo bien claro lo que haré por otros que estén en una situación de riesgo o peligro de vida, haré lo mismo que quisiera para mí.
No nos quedemos impasibles frente al dolor ajeno. Dicen los sicólogos que si uno no actúa en casos así, durante muchísimo tiempo es acompañado por un espantoso sentimiento de culpabilidad, ¡y no es para menos!
No es necesario ponerse en peligro, lo primero que debe hacerse es buscar ayuda de alguna manera, gritando, llamando por teléfono a la policía, solicitando la atención de otros transeúntes, en fin, mucho puede hacerse, el tema es no quedarse pasmados o huir sin auxiliar.
No importa que en ciertas ocasiones nos expongamos al ridículo o que desprecien nuestro apoyo, tengamos en cuenta que, en algunos casos, ni el propio afectado tiene conciencia del mal que otros le están causando (niños, mujeres y hombres golpeados por familiares directos).
Hay que tener bien presente: lo que hagamos por los demás, algún día lo harán por nosotros o por los seres que amamos… así es la vida, se los digo con toda certeza.