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sábado, 14 de noviembre de 2009

Desmayadas...



En esta parte del mundo, nos hallamos gozando de la estación más bonita del año, la primavera. Muy pronto llegará el verano… la estación preferida de las cucarachas.

Se imaginarán que en los supermercados uno de los productos más adquiridos, ¿cuál es?, pues sí, el insecticida. Todo el mundo adquiere algún veneno de la gran variedad expuesta en las góndolas, para así combatir y eliminar a este insecto rastrero, tan repugnante y dañino.

Año tras año surgen nuevas marcas, con renovadas y rimbombantes promesas de exterminar las sabandijas para siempre. “¡Gran poder concentrado!; Plus; Extrafuertes, Elevado efecto residual”, y otros pintorescos argumentos son empleados con marcada insistencia. Hacia allí corremos los inocentes compradores, a adquirir cuanto antes esos mágicos productos, con total entrega y confianza.

Con la esperanza de que abramos los ojos y nos demos cuenta de que, tanto algunos fabricantes, como así también comerciantes, se han vuelto peligrosamente inescrupulosos en sus actitudes hacia nosotros, los consumidores, les contaré la experiencia de Claudio, un amigo.

Él, siempre usaba una marca reconocida mundialmente de venenos en aerosol para cucarachas y luego comentaba que cada vez aparecían más ejemplares de estos insectos. Estamos hablando de uno de los insecticidas más caros y que más propaganda hace en todos los medios de comunicación. Para más datos, ya que su nombre no puedo decir, les diré que el envase es de color verde y rojo.

Cierta vez le recomendaron que dejara de utilizar ese veneno, pues no mataba sino que sólo atontaba a sus víctimas. Mi amigo, para comprobar si esto era cierto, realizó la siguiente prueba.

Una cálida noche, tomó un tubo del aerosol en cuestión y lo roció completamente en un pequeño galpón donde guardaba mercaderías cerradas. Como resultado de la operación, aparecieron casi cien bichos supuestamente muertos, los contó y los colocó en una caja destapada.

A la mañana siguiente, ni bien se despertó, fue inmediatamente al galpón y se encontró con la caja semivacía… ¡sólo quedaban siete ejemplares! ¿Dónde estaba el resto? Les diré, se despabilaron, tomaron sus petates y salieron campantes de la caja.

Era verdadera la historia que le contaron, ese veneno no mataba, sólo DESMAYABA a las cucarachas y, seguramente, lo sigue haciendo.

Por supuesto, Claudio dejó de comprar ese producto. Me pregunto, y les pregunto a ustedes, las otras marcas “reconocidas y famosas”, ¿tendrán la misma “efectividad”? Los organismos encargados de controlar la calidad de los productos, ¿están al tanto de esto?

Estas cosas me ponen mal, porque me hacen pensar que hasta tal punto ha llegado la corrupción de algunos seres humanos, que ya no se puede confiar o creer ciegamente en nada. Manipular de tal manera una cosa para que parezca algo que no es, es casi criminal.

Espero que no estén haciendo esto mismo con los medicamentos…