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lunes, 23 de agosto de 2010

Pequeñas historias…

 

Esquelas y mensajes 

Si hablamos de colecciones, creo que la mía, es bastante original. Si conocen a otra persona que guarde y acumule, “recados, mensajes y notas varias”, les daré un premio.

Durante muchos años, una de mis actividades predilectas, consistía en juntar todos los recados o avisos escritos, que me dejaran amigos, parientes, clientes, en fin, todo tipo de gente conocida y no tanto.

Algunas de estas comunicaciones, fueron breves, otras más extensas, de carácter serio o con un toque de humor, con dibujos o indicaciones, se puede observar de todo un poco en la gran variedad recopilada durante largo tiempo.

Las personas que, en determinado momento, me dejaron estos papeles escritos, fueron modificando su condición de vida. Es decir, algunas ya dejaron de existir, otras se divorciaron, otras se mudaron a lugares lejanos y con otras, simplemente nos distanciamos.

Cada vez que abro mis cuadernos, donde guardo las diferentes esquelas, recuerdo a cada protagonista, traigo al presente situaciones, armo una historia con cada mensaje… porque todos ellos, encierran testimonios, que pueden ser desarrollados.

Al modernizarse las comunicaciones, incorporándose nuevas tecnologías y sofisticados aparatos, los avisos escritos perdieron sentido y vigencia. Así fue que la gente, comenzó a dejarme sus recados, no más en papelitos, sino en el contestador telefónico, luego mandándome un mail o a través del Messenger. Ya nadie volvió a escribir sus mensajes en un pedazo de papel, para luego colocarlo debajo de la puerta o pegarlo en esta con una cinta engomada o clavarlo con un alfiler.

Caí en la cuenta de que mi colección tenía vida útil. Lamentablemente quedó perimida.

Igualmente, cada vez que me asalta la nostalgia o quiero recordar personas y situaciones, reviso mis cuadernos de mensajes y los observo con cuidado a cada uno. Por eso, afirmo que, para mí, esta rara colección, no tendrá un gran valor monetario, como otras famosas y reconocidas, pero sí tiene un gran valor emotivo en recuerdos y sentimientos.

sábado, 13 de marzo de 2010

La insoportable levedad de las cosas

 

Estaba hojeando unas revistas viejas, de los años sesenta aproximadamente. Con frecuencia me detengo a observar atentamente los avisos publicitarios, quizás porque tienen mucho que ver con la actividad que desarrollo desde siempre.

BASURA

El mensaje, claro y fuerte, que las publicidades daban al lector era el siguiente: “les ofrecemos un producto de larga vida, de gran durabilidad, lo tendrá para siempre, son eternos…” Podía tratarse tanto de muebles como así también de prendas de vestir o cosméticos, entre otras cosas. Todo era destacado por su condición imperecedera o ilimitada.

Actualmente, no necesito decirles que las cosas han cambiado rotundamente. Ya nadie se fija, ni se preocupa, ni tiene en cuenta esa cualidad en un artículo. Tal vez porque con el transcurrir de los años nos fuimos acostumbrando a que todas las cosas tengan su “vida útil”, y muy corta por cierto.

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No sé que opinarán ustedes al respecto, pero personalmente me quedo con lo de antes. Me gustaba que las cosas durasen mucho, pues no había que estar continuamente pensando en remplazarlas. Perdemos demasiado tiempo buscando reemplazar los miles de artículos que completan nuestra vida y que se van descomponiendo o inutilizándose de alguna manera. Un día le toca a uno, mañana a otro, pasado a dos más y así sucesivamente, la cadena no se agota, todo lo contrario, cada día aparece un nuevo eslabón.

Todos hablan de lo valioso del tiempo, que no hay que perderlo, que debe ser aprovechado, bla, bla, bla. Sin embargo, por otro lado, fabrican productos cada vez más endebles y frágiles. Es un contrasentido, una contradicción, una paradoja.

Tenemos que caer en aquello de que todo se debe a los intereses de las grandes empresas o corporaciones, no existe otra salida, ya que es verdad. A estos monstruos materialistas y sin alma, les importa un comino si no nos alcanza el tiempo para nada, ellos tienen como único objetivo, empujarnos a gastar, a consumir, porque eso les rinde, les aporta beneficios. Si una licuadora me dura cuarenta años y alguna mega empresa se entera, es probable que me entablen una demanda, ¡en serio!, porque me transformo automáticamente en un mal ejemplo.

De todas maneras, lo mío es una lucha desigual, no puedo enfrentarme a esta realidad y presentarle batalla, saldría perdiendo. Por eso me quejo y expreso ante ustedes este reclamo, porque es lo único que puedo hacer, ustedes queridos amigos blogueros, sabrán entenderlo.

sábado, 27 de febrero de 2010

El humor, ingrediente infalible…

El humor siempre fue, es y será, una permanente compañía en mi vida y la de mi esposo, eso es claramente evidente. Para ilustrar lo que les digo, les relataré brevemente la génesis de nuestro apreciado folleto de chistes que lleva el título de: “Muchas gracias, humor serio”.

Todo comenzó en el mes de Agosto del año 2003. La idea original fue de Pepe Curti, mi esposo, y en un principio lo tomamos más como un hobby, y no como una fuente de trabajo e interesantes ingresos.

FOLLETO PARA BLOG2

La edición consta de cuatro carillas, contiene chistes de texto, gráficos y avisos publicitarios.

Desde el primer número que salió a la calle, nunca dejó de sorprendernos la creciente acogida que esta sencilla “revistita de chistes”, como muchos la llaman, tuvo entre el público en general. Gusta por igual, tanto a pequeños como a adultos y ancianos.

A la hora de recopilar el material que llenará los espacios del folleto, son varios los detalles que tenemos en cuenta: cuidamos que el contenido no sea ofensivo ni de mal gusto para nadie, prestamos mucha atención a la ortografía y prolijidad. En resumen, respetamos al lector y tratamos de que pase un buen momento con nuestro producto.

Cada quince días, hace siete años, sin pausa, ni faltas, nuestro folleto es repartido por la ciudad, para alegría y sano esparcimiento de conocidos, desconocidos, amigos, clientes y amantes del humor en general.

Hoy podemos decir, con total certeza, que fue una buena idea, porque nos sigue dando muchas satisfacciones.

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sábado, 28 de noviembre de 2009

Maltratados...




Seguramente el amigo Abi dirá, “Nuevamente Clara me hará pensar en cosas poco agradables este fin de semana”, pero cuando uno tiene la urgencia moral de tratar ciertos temas, no queda otra salida.

Ayer estuve conversando con una señorita, encargada del cuidado y atención de una veterinaria de la ciudad. Llamaron mi atención unos carteles que se encontraban a la vista de todos, en varios lugares del salón y sobre todo, cerca de los animalitos en exposición. Decían lo siguiente: NO TOCAR A LOS ANIMALES.

En el lugar, había cubículos con perritos, gatitos, jaulas de diversos pájaros, hámsters, peceras con peces de vistosos colores, en fin, gran variedad de mascotas.

Le pregunté por qué tanta insistencia en no acercarse demasiado, ni tocar a los bichitos, ya que me pareció un tanto exagerada tanta advertencia. La dama me contestó que los niños, últimamente, estaban más agresivos que de costumbre. Ella agregó que antes, el maltrato hacia los animales expuestos e indefensos, por parte de los pequeños, era aislado, pero cada vez se dan casos con más frecuencia y más virulentos. Y yo que llegué a pensar que el objetivo de los carteles era proteger a los infantes…

Me comentó además que cuando entraban padres e hijos, generalmente se daban las situaciones más complicadas e ingratas, ¿increíble, no? Se debía a que los mayores no reparaban en el daño que sus críos ocasionaban, es más, los apañaban y “cubrían”, incluso una vez pasó que le rompieron la patita a un cachorro.

Ya sé que es doloroso e indignante tocar estos temas, pero sentí que estaba obligada a hacerlo, por temor a lo que nos deparará si continuamos soportando y esquivando estos actos tan aberrantes. Tal vez entre todos, podamos poner un granito de arena, para crear otra conciencia en los adultos, que en definitiva son los verdaderos responsables. Una vez más, respetemos y cuidemos a la naturaleza y a la vida en general, por nosotros y por los que vendrán.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Puedes hablar conmigo...





Escuchar es prestar atención a lo que se oye.

Algunas personas nacen con la valiosa aptitud de prestar real atención cuando otros le hablan. Otras, la aprenden a lo largo de la vida y también están las que nunca la practican, por falta de interés o quizás porque no terminan de descubrir la gran importancia que tiene.

Cuando voy a un lugar donde hay niños, siempre paso por la misma experiencia, al cabo de un rato, éstos buscan estar a mi lado. Lo sorprendente es que no acostumbro a hacer payasadas, ni piruetas, ni juego sus juegos, ni les hago ningún tipo de “fiesta”. Entonces, ¿por qué les encanta estar cerca de mí?, simplemente porque los escucho, porque los trato como a personas y no como a seres infradotados.

Un pequeño se acerca y me dice:

-¿Viste esa hoja?

-¿Cuál?, le respondo.

-Esa que está allá.

-Ah, sí, la veo, y ¿qué pasa con ella?

-Es rara.

-¿Te parece rara, por qué?

-Por la forma.

-Es cierto, (la tomo en mis manos), no es una hoja muy común, quizás sea de un árbol que habrán traido de otro país. Es linda, ¿no te interesa llevarla y guardarla?

-Sí, la juntaré con mis otras “cosas raras”.

Después, con el precioso objeto en la mano, se arrima a otra persona y le dice:

-¡Mira lo que encontré!

La mujer en cuestión, “ve sin mirar” la mano infantil, y dice.

-Deja de jugar con cosas sucias y ve a lavarte las manos. Tira eso.

La criatura busca mi mirada, por un momento “sufrimos la experiencia” en total empatía, y luego sonreímos. Él guarda la hoja en el bolsillo y se va a jugar con los otros amiguitos del lugar.

Luego ese muchachito, me observará con una mirada particular, como si yo lo entendiese, como si hablara su mismo idioma y tratará de volver a “conversar” conmigo.

Eso me ocurre siempre y no es algo que busque o persiga, simplemente se da.

Creo que si hacemos un poco de memoria, todos recordaremos nuestra experiencia al respecto cuando nos tocó ser niños también. Nos molestaba que nadie nos tomase en serio y eso que teníamos cosas tan importantes para decir, ¿lo recuerdan? Afortunadamente, cada tanto, aparecían personas que realmente nos daban su atención, ¡cómo lo disfrutábamos!, al fin alguien con quien “hablar de verdad”, de humano a humano.

Conservo en mi mente los rostros de esos seres, porque uno nunca los olvida.

Escuchar es un don precioso, cultivémoslo y derrochémoslo con todo el mundo, es algo hermoso e inolvidable “comunicarse de verdad” con los demás.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Heridas...(Parte II)



El veterinario nos recomendó que alejásemos a ese felino de nuestras vidas. Al tener un carácter tan agresivo, lo más probable era que volviera a atacarnos sin previo aviso y ante circunstancias absolutamente desconocidas por nosotros.

Aunque nos habíamos encariñado con ella, con gran dolor y angustia, la sacamos de nuestro hogar para siempre. Fue lo más prudente, pero nos costó muchas lágrimas y no obstante el daño que nos causó, aún hoy la extrañamos muchísimo.

Lo que deseo recalcarles son dos detalles que aprendimos.

Uno: existen especies animales que ya vienen con cierta carga genética de agresividad, según el veterinario, eso difícilmente se modifique. En la mayoría de los casos va en aumento inclusive y sólo hace falta un detonante, para que exterioricen esa conducta perniciosa.

Dos: en algunas ocasiones me enteré por distintos medios de comunicación, que un perro o tigre, u otro animal, atacaba gravemente a su dueño, incluso hasta causarle la muerte. En ese momento yo hacía el siguiente análisis, era muy probable que el amo o cuidador, por su parte los hubiera maltratado o torturado de alguna manera, y que los animales sólo se estaban vengando o devolviendo “las gentilezas” recibidas. Estaba equivocada, no siempre es así. En nuestro caso, les aseguro que siempre tratamos a las mascotas con afecto, respeto y cuidado.

El veterinario, para explicar más las cosas, nos informó que algunas especies ya venían a este mundo con un mal genio y que si uno lo notaba, lo recomendable era hacer algo al respecto, cortar de entrada esa mala conducta, antes que sucediese algo más grave.

Todo esto lo aprendimos con gran dolor, por eso lo comparto con ustedes, para que no les pase lo mismo.

Les sugiero que tengan cuidado. Recuerden siempre, que los animales no tienen las mismas reacciones y actitudes de los seres humanos, y que no todos son iguales, aunque sean de la misma raza.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Heridas...








Quiero contarles algo que me pasó hace unos años. Una triste experiencia. Lo hago con el propósito de que lo que me ocurrió, pueda servirle a alguien para evitar un daño parecido o aún mayor.

Hace cinco años decidimos adquirir una gata siamesa, la trajimos de cachorra a nuestra casa. Desde pequeña mostró un carácter bastante agresivo, nos mordió y arañó, a mi esposo y a mí, en varias oportunidades, sin motivos lógicos ni previo aviso. Igualmente nos quedamos con ella. La cuidábamos, mimábamos y tratábamos de minimizar los efectos de sus arranques espontáneos de violencia.

Cuando pasó el tiempo, quedó preñada y tuvo varias crías. A consecuencia de esto, notamos que su conducta mejoró bastante, se puede decir que se suavizó notablemente.

Casi no nos atacó más, hasta que un día, en un episodio que aún no comprendemos en su totalidad, se enfureció increíblemente, arremetió contra mí en forma despiadada, con fiereza. Me causó grandes y profundas heridas, si mi esposo no hubiese intervenido para auxiliarme, apartándola, seguramente habría terminado en alguna sala de emergencias, o tal vez algo peor.

Uno siempre piensa que un animal doméstico, una mascota, no nos podrá producir tanto daño, pero es un gran error pensar de esa manera. Existen ocasiones en que nuestra vida puede correr peligro. Les daré algunos detalles más, acerca de mi experiencia con la siamesa, que quizás les pueda resultar de utilidad, como para prevenir antes que curar.

El dramático suceso ocurrió luego de que la gata tuviera cría. Fuimos regalando los gatitos hasta que sólo quedaron dos. Al pasar un mes, uno de los nuevos dueños, nos devolvió el suyo debido a que no lo podía seguir teniendo en su hogar, por inconvenientes particulares. Lo fui a buscar para traerlo nuevamente junto a su madre y hermanitos. Al acercarlo a la gata, ésta lo desconoció y quiso atacarlo. Era tan chiquito e indefenso, que no pude quedarme al margen de la situación, debía evitar que la propia madre le hiciera daño. Lo tomé en mis brazos, para alejarlo del peligro.

Al levantarlo del piso, la gata se enfureció y me saltó. Me mordió, hundiendo sus colmillos, en varias partes de mis piernas. Mientras yo gritaba y trataba de apartarla, sin soltar al gatito. Volvió a arremeter contra mí, me abrió varios tajos con sus garras y me tiró al suelo. En eso, afortunadamente, llegó mi esposo y con gran esfuerzo, logró sacarla fuera de la casa.

Fuimos al médico, me hicieron las curaciones, me aplicaron una inyección antitetánica, me suministraron analgésicos y antibióticos.

Todavía conservo, en la piel, las cicatrices, pero el daño sicológico fue mayor, nos quedamos con mucho miedo. (CONTINUARÁ MAÑANA)

martes, 24 de febrero de 2009

Aprender...


Hace poco leí en un libro lo siguiente: “Memorizamos las fechas históricas y los nombres, no la lección”. Por eso la historia se repite una y otra vez, sencillamente porque no aprendemos de ella.
Esa fue la experiencia que me dejó la escuela. Año tras año, memoricé fechas, lugares y nombres, como si fuera lo más importante, aquello que era menester guardar en “el disco rígido” del cerebro ¡Cuánta energía y tiempo desperdiciado!
Si tan sólo me hubiesen explicado que lo fundamental era recuperar el significado, los alcances e implicancias de tal o cual evento histórico, otra sería mi postura ante la vida. No digo mejor ni peor, distinta, tal vez más analítica y sincera.
Menos mal que nunca es tarde para “virar el timón”, para cambiar el rumbo de las cosas.
Leer con inteligencia, interpretar el sentido de los acontecimientos, allí radica lo substancial, lo trascendental para nuestras vidas. Lo demás es accesorio, si queda registrado, bien, si no, no cambia nada.

martes, 10 de febrero de 2009

El maestro panadero (Epílogo)


La historia, realmente me impactó. Le dije a Ramón, que tratara de perdonar a los que, con o sin motivos, le habían causado tanto daño. Que dejara el asunto en manos de la justicia y de Dios… él guardó silencio y no hablamos más del asunto.
Transcurrido un año, la sociedad con mi cuñado se disolvió. Cambié de actividad y no volví a ver a los trabajadores panaderos. Pasaron tres años más.
Un día, observando un diario local, para estar al tanto de las últimas noticias, encontré en la sección POLICIALES, una nota que me dejó muda, absolutamente horrorizada. Encontraron muerto a un hombre en una propiedad privada, se trataba del dueño de una importante joyería de la ciudad. Había sido torturado hasta morir, atado fuertemente con alambres a un árbol, cortado en distintas partes del cuerpo con un cuchillo, golpeado, mutilado… y finalmente degollado. Calculan que el asesino demoró un día entero hasta darle muerte, viéndolo sufrir y desangrarse todo ese tiempo. Más abajo de la nota estaba la fotografía del asesino…y era ¡Ramón! , casi me morí del susto cuando la vi.
La nota explicaba que el autor del grave delito se había entregado voluntariamente a las autoridades y ya se encontraba detenido a la espera del juicio correspondiente.
Pensar que estuve conversando tranquilamente horas y horas con un potencial criminal, jamás pensé que el hombre llegaría a cumplir su promesa, qué poco conocemos a las personas, sinceramente creí que ya habría superado ese trance, pero no fue así.
Cada vez que lo recuerdo, me entristezco, ¿cómo pudo terminar así la historia de Ramón, será que yo hubiese podido ayudarlo más, o de alguna otra manera y no lo hice?... Es algo que llevaré por siempre en mi conciencia.