
Les relataré mi experiencia. Descubrí que, en el “mejor de los casos”, esos niños que piden, lo hacen para sus padres. Estos los obligan a mendigar, los golpean y llegan a lastimarlos porque sirve para que ofrezcan un cuadro “más lamentable”, los visten con harapos para el espectáculo y luego, con lo recaudado, se emborrachan y drogan.
En otros casos, esos niños, están bajo la “protección” de adolescentes que abusan sexualmente de ellos, sean nenas o varones, entre otros malos tratos, se quedan con la mayor parte del dinero recaudado y con lo restante les compran pegamentos, para inhalar, y cerveza. El mal trato es la constante en todos los casos.
Si analizan un momento, se darán cuenta que dar limosna, de esta manera, no sólo es contraproducente sino que además, en cierta forma, seria como colaborar con la explotación de los menores y fomentar esa actividad tan lamentable.
El dinero que entregan no ayuda a esos niños: LOS CONDENA.
Los condena, repito, a seguir indefinidamente esa cadena de abusos y castigos.
Si de verdad desean ayudar, por favor no den limosnas, ayuden a los grupos, serios y organizados, que trabajan y se ocupan de rescatar y recuperar a los chicos de la calle. Allí sí ofrezcan sus colaboraciones. A eso se le llama “dar con responsabilidad”.
No fomentemos, con algunas actitudes cómodas y despreocupadas, el abuso infantil. No seamos cómplices.

